1929
El año de su nacimiento, 1929, era alcalde de El Puerto, Alfonso Sáncho y Mateos, (Ver nótula 1.281 en GdP). El investigador Antonio Gutiérrez constata que ese año «En El Puerto se palpaba la incertidumbre política y el deterioro de la monarquía; la ausencia del Teniente Coronel del Batallón de Cazadores de África, nº 7 y del Ayudante Militar de Marina al funeral por la reina María Cristina, organizado por el municipio, excusando ambos por escrito su asistencia, era una clara muestra. Asimismo excusó su asistencia el filántropo portuense Elías Ahuja Andria mediante una comunicación de su secretaria, sin firma».
| El vapor 'Cádiz' por el río Guadalete.
| El vapor 'Cádiz', tras la explosión en el muelle San Ignacio.
En 1929 explosionaba en el muelle de El Puerto el Vapor ‘Cádiz’ que hacía el recorrido entre nuestra Ciudad y la capital. Ese mismo año se incorporaría al muelle de San Ignaciola motonave ‘Adriano I’, que había estado efectuando el trayecto entre Sanlúcar y Sevilla, con motivo de la Exposición Iberoamericana.
La familia de Enrique tenía posibles, de hecho el padre poseía una flota de camiones que, tras un accidente con uno de ellos en el que hubieron víctimas mortales, tuvo que liquidarla, así como diversas propiedades, para indemnizar a las familias. Ese fue el motivo por el que Enrique viene a El Puerto, con 23 años, desde Madrid, donde había hecho el servicio militar como voluntario en Aviación, en la Base de Getafe, a reclamar una vivienda familiar de su abuelo que resultó que ya no le pertenecía.
| Enrique, en la calle Ricardo Alcón, en diciembre de 2008 | Foto: JMM.
Enrique ha hecho de todo en lavida, con su título de bachillerato bajo el brazo, pero recordaba hace 10 años que vendimió en la viña y trabajó en Bodegas Caballero; hizo cursos del PPO, tanto de mecánico ajustador como de oficial de pintura de segunda, obteniendo la titulación, aunque él lo que quería ser es practicante. Dice una leyenda urbana que los problemas de “darle vueltas a la cabeza” le vienen por diversas relaciones con las distintas novias que tuvo, pero quienes le conocen cuentan --y el lo corroboraba--lo que le pasó en cierta ocasión, por una cuestión de cifras y números. Aquella vez que quiso estafar al fisco y falsificó unos billetes de lotería y por ello fue sentenciado en juicio sumario, a cuatro años de condena --cumplió solo dos en un psiquiátrico-- y desde entonces andaba“delicado” de las cosas de la cabeza…
Su habilidad para las matemáticas y los números y la poca consideración --o la avaricia-- de quienes mal le aconsejaron le llevaron ante la justicia y a partir de ahí, –ya con la mente “en otras cosas”– a ser atendido, tras su paso por el Servicio de Salud Mental de la Diputación de la época, a estar recogido por las Hermanas del Hospital de San Juan de Dios y otras instituciones de caridad, como el piso asistido de la calle Nevería antes de vivir en su casa de la calle Santa Fe, con su perra “Susi”.Lamentaba no haber podido profesar la orden franciscana, como quería su padre, «ahora podría ser como el Padre Angulo», sentenciaba, mientras hacía sus paseos matinales por las calles de El Puerto.
Todos los días iba a casa de mi abuela Carmen "La Roteña", a la tienda que tenía en su casa de vecinos en la Calle Cruces, en busca de algo que comer. Siempre iba con un huevo en el que, con un lápiz puntifino, dibujaba cosas que a mí, de niño, me dejaban alucinado de la precisión.
El día que le hicieron esa fotografía, con su gorro rojo, yo iba con él, le acompañaba cómo su auxiliar de ayuda a domicilio que fui durante casi cinco años... Mi querido Enrique, alma noble de la que muchos se aprovecharon. Todo un señor y caballero. En ocasiones, me volviste loca, con las travesuras y triquiñuelas del niño que llevabas dentro pero siempre estaré eternamente agradecida por haber podido conocerte tal como eras, tal cómo te voy a recordar ahora y siempre. Descansa en paz, siempre fuiste libre...