El niño que cambió la escuela por la vida

| Texto: José María Morillo
Hay infancias que no caben en un pupitre. La de Luis Gatica Rivas –próximo a cumplir 91 años-- empezó entre las paredes de un colegio… y terminó en la calle, donde la vida enseñaba más rápido y sin recreo. Primero como lazarillo y luego en la pescadería del muelle. Su vida laboral transitó entre la dureza de la construcción y el mundo del vino, donde encontró estabilidad en bodegas Osborne hasta su jubilación como jefe de sección. Profundamente vinculado a las tradiciones, fue cargador de pasos y devoto del Nazareno, además de aficionado al flamenco. Con un sentido del humor muy portuense que ni el hambre consiguió borrar, destacó también como animador natural en reuniones. El Carnaval, heredado de su familia, marcó otra de sus grandes pasiones, participando en numerosas comparsas. Su trayectoria resume una vida de esfuerzo, cultura popular y arraigo a El Puerto. Esta es la historia de un niño que dejó la escuela… pero se doctoró en vivir.
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