
| Texto: José María Morillo
Dos días de octubre de 1971 bastaron para que Belgrado se convirtiera, por sorpresa, en una plaza de toros. No fue en cualquier europeo, sino en la Yugoslavia de Tito, donde la lidia se explicó por megafonía a un público que la descubría por primera vez. Pero lo verdaderamente singular no estuvo solo en el ruedo improvisado, sino en el papel: el cartel lo firmaba Rafael Alberti. Y eso, más que un detalle, convierte el episodio en una historia cultural más de la internacionalización de Alberti, cuando el mundo estaba dividido en bloques.
El 2 y 3 de octubre de 1971, el estadio TAS de Belgrado acogió dos festejos taurinos inéditos en la Europa del Este. Allí, ante un público ajeno a la tradición, cada lance debía explicarse como si se tratara de una clase de tauromaquia en directo.
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